YO PERREO SOLA

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Artículo de Arlette Peyret, productora de Brutal Media, publicado en el Infoproa del lunes 29 de junio de 2020

Ey, ¡hola! Ahora que tengo vuestra atención, hablemos de lo que ha pasado (no os preocupéis, prometo volver al título más adelante).

Estamos de acuerdo que no estamos sufriendo una crisis, sino una GUERRA. ¿Verdad?

(Aviso: este será el párrafo más serio del artículo:)
Una guerra especial sin bombas, de acuerdo. Una guerra con un enemigo que no vemos, de acuerdo. Pero una guerra, al fin y al cabo, que no fuimos capaces de prever y que ha cuestionado nuestro estilo de vida y todo aquello que dábamos por «asegurado» -como la libertad, nada más y nada menos- y que ha dejado muchos muertos y una sensación de indefensión que nunca habríamos imaginado. Y el miedo, el gran fantasma del miedo que nos ha invadido durante muchos días. Una guerra que nos ha llevado a hacer cosas inimaginables, a crear nuevas rutinas en los larguísimos días de confinamiento para gestionar la familia y el trabajo, cuidar de los hijos 24/7, vivir con la sobreinformació y desinformación a la vez, con la mala gestión en general y de las personas y los recursos en concreto (y entre otros), con el confinamiento de los niños (ojalá que algún día nos perdonen) y de los abuelos y abuelas y con el agradecimiento a distancia -e insuficiente- a los sanitarios. Una guerra que ha dejado el sector económico y empresarial tocado y una nueva manera de hacer las cosas, de vivir, de trabajar y de relacionarnos que estamos, entre todos, definiendo en estos momentos.

Durante este tiempo también hemos adquirido nuevas costumbres insólitas (y ahora rebajando el tono), en mi caso, cantar más reggeaton del que es recomendable (letras que no piden actividad neuronal y que te llevan mentalmente a xiringuitos de playa y copeo nocturno), hacer GAP (no sé muy bien de que te puede servir hacer sentadillas durante la guerra, pero si sirviera de algo, ostrás, os juro que la haría muy bien) y hacer pseudo promesas como co-escribir un libro con un amiga (las dos sabemos que no lo haremos nunca, pero el rato que hablamos nos lo creemos tanto que incluso imaginamos nuestra primera presentación y sí, la palabra premio también salió) y hacerme dos (no uno) tattoos (no tengo ninguno). Bien, si a vosotros también os han pasado cosas de estas, no sufráis, es cosa de las guerras…

Pero haciendo balance de todo también hemos aprendido cosas: a trabajar mucho más (en horas intempestivas y con vestuario indecoroso), a hablar muuucho más por teléfono (normalmente del mismo y con personas diferentes) o a tener paciencia con los zooms donde no hay lenguaje verbal que valga para acelerar las decisiones. Pero lo más importante ha sido ver quién ha luchado con nosotros en primera línea sin importar qué día ni qué hora era, quien ha desertado solo oliendo el peligro y, sobre todo, quien se ha convertido en nuestro (nuevo y sorprendiendo) aliado. Y ya sabéis que las alianzas firmadas en época de guerra duran toda la vida.

Que Nuestroseñor Clotet me guarde de dar por acabada o ganada la guerra, pero pienso que la posguerra que nos espera será breve. No tenemos los edificios destruidos, ni las telecomunicaciones paradas (bien al contrario), y tenemos muchas ganas de volver a trabajar, en la vida normal, con seguridad y prudencia, pero normal. Ganas de presentar los proyectos que hemos creado durante este tiempo, de picar piedra para levantarlos (una cantera boniiiita que tenemos…) e incluso en los peores días de la guerra, cuando por fin nos acostábamos en la cama (a pocos metros de la mesa con el ordenador) y pensábamos: «Mañana tengo que volver, ¿EN SERIO?» Siempre, siempre, siempre la respuesta era SÍ.

Esta guerra no nos ha cambiado las cartas del póker, nos ha parado la partida en seco. Y ahora la pelea se está mezclando, y las nuevas cartas se están a punto de repartir. Algunos players ya han dado a conocer sus normas: TV3 ha publicado la Crida con el Departamento de Cultura por nuevos proyectos con una dotación especial de 6 millones, el ICEC también ha publicado las nuevas líneas de ayudas, Atresmedia ha anunciado que necesita urgentemente comprar contenido, Netflix y el resto de plataformas -que han crecido tanto en consumo de contenidos como en subscriptores en nivel mundial- ya han dicho que el último trimestre del año tendrán pocos estrenos (pararon todas las producciones en marzo y han retomado algunos rodajes apenas hace dos semanas), que es lo mismo que decir que comprarán contenidos que se puedan fabricar rápido. Y la pedida no acaba al último trimestre, es continua, los estrenos son diarios y parece que no tienen techo de clientes, cada vez más jóvenes, por cierto.

Es la hora de asegurarnos las mejores cartas para la nueva partida (chec, chec chec, las cartas todavía se mezclan), tenemos que despertar las neuronas que todavía tenemos confinadas y pensar en contenido rápido de cocinar, en formatos breves, espín-offs o remakes (donde te ahorras parte del desarrollo de la idea), en alargar temporadas, crear formatos nuevos o híbridos mezclando géneros, colaborar entre productoras de naturalezas diferentes para dar respuesta a un mercado donde puede pasar de todo, pensar en ventanas combinadas entre operadores y canales para acelerar acuerdos, aprovechar el enorme talento que tenemos y hacer propuestas imaginativas, estudiarlas y escuchar a TODO EL MUNDO. Si en algún momento los canales y plataformas han estado más dispuestos a recibirnos es ahora. Los más jóvenes, que no habían jugado nunca antes, ¿serán la clave para esta nueva etapa?

Hay gente que, quizás, lo que más miedo le da de todo es volver a su vida anterior. No volveremos a nuestra vida anterior, será mejor. Porque hemos aprendido mucho sobre un concepto últimamente que nos ha puesto a todos en la misma línea de salida: la vulnerabilidad. Y esto nos ayudará a relacionarnos mejor, a entendernos mejor y a ser la mejor versión de nosotros mismos.

¡Manos a la obra!

Pd. He pensado que si fuese rusa le sacaría provecho al tema sentadillas. Podría celebrar que se acaba la guerra comme il faut. Adjunto foto

Pd 2: Yo perreo sola es una canción de Bad Bunny, y la podemos, mejor dicho, tendrían que escucharla vuestras hijas (e hijos). Si tenéis alguna recomendación musical igual de sorprendente: apeyret@brutalmedia.tv.

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